Para entender el origen de esta palabra es indispensable mencionar a Ovidio y su Metamorfosis (precisamente este año 2017 se celebra el bimilenario de la muerte del poeta latino). Esta obra es un poema en quince libros que narra la historia del mundo desde su creación combinando con libertad mitología e historia. Se trata de una composición literaria considerada como una obra maestra de la edad de oro de la literatura latina. Es una de los clásicos más leídos durante la Edad Media y el Renacimiento, que ha servido de inspiración a múltiples artistas, como Tiziano, Velázquez y Rubens, y que continúa ejerciendo una profunda influencia en la cultura occidental.
En la Metamorfosis se pueden leer muchos caso de catasterismos, conversiones en constelación de personajes o de seres mitológicos. Una de ellas es la de Calisto, una de las ninfas que componían el cortejo de Ártemis (o Diana), en osa primero y en constelación (la Osa Mayor) después. Esta es la “historia”: de Calisto se encaprichó Zeus (o Júpiter), que adoptando una forma apropiada la sedujo y la dejó embarazada. Nueve meses después, Calisto es descubierta cuando se desnuda para bañarse en un arroyo junto a la diosa (Ártemis o Diana) y sus compañeras, y, en consecuencia, se ve rechazada sin contemplaciones por haber traicionado de forma evidente la virginidad exigida. Después de parir sola a su hijo Arcas (o Árcade), epónimo de Arcadia –nombre de evidentes resonancias pastoriles-, Hera (o Juno), la celosa esposa de Zeus, la castiga transformándola en una osa que vaga sola por los montes. Años más tarde su hijo Arcas (o Árcade) está a punto de cazarla, pero Zeus lo impide y, compasivo, transforma a ambos en constelación y estrella respectivamente. Ella será la Osa Mayor y él la estrella Arturo, cuyo nombre en griego es Ἀρκτοῦρος y en latín Arcturus, el que guarda o protege a la osa. Pero Hera no consiente sin más este premio y suplica a sus tíos los titanes Océano y Tetys, la pareja de las aguas primordiales, que impidan que la Osa Mayor se sumerja nunca en sus aguas purificadoras. Y así ocurre, efectivamente, pues por la posición que ocupa en el cielo en nuestro hemisferio nunca se oculta en el mar.
Y ahora viene el origen de septentrión. Los romanos, debido a la forma de la constelación de la Osa Mayor, la asemejaron a un carro con su arado tirado por bueyes. En latín ese tipo peculiar de carro se denomina triō/triōnis. Como son siete, en latín septem, las estrellas de la constelación (siete bueyes), se pasó a llamar Septem Triones, de donde nacen nuestros términos septentrión y septentrional que aluden al norte, lugar que marca la cercana estrella polar.